20 MAR 2017 LA EXPERIENCIA CRACK-UP. RECORRIDOS PROFESIONALES DE UN EDITOR DE LA UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES: ENTREVISTA CON ARIEL SEBASTIÁN DÍAZ

 Original: Cultura Editorial

Por Alejandro Schmied

Introducción

Desde 2006, la Editorial Crack-Up (www.editorialcrackup.com.ar), integrada por un equipo de especialistas graduados de la carrera de Edición de la Universidad de Buenos Aires, publica narrativa, poesía y ensayo de autores argentinos y universales. Se presenta en su web como una editorial que “Procura estar a la vanguardia de la edición, con profesionalismo y pasión, para conformar un catálogo cuyas características indiscutidas sean la calidad e identidad de sus textos”. Conversamos con su editor, Ariel Sebastián Díaz, para conocer la experiencia de una editorial del ámbito cultural, y empezar a poner en cuestión, desde las prácticas hasta las nociones de independencia y autogestión en proyectos editoriales como Crack-Up, que ya cuenta con diez años y va consolidando paso a paso su catálogo.

Logo de la editorial.

— ¿Cómo surgió el proyecto?

Curiosamente el proyecto editorial nació compartiendo lecturas con unos amigos libreros en una tórrida noche de diciembre de 2004. Recuerdo algunos textos, un cadáver exquisito y, sobre todo, el efecto metafísico del alcohol. Al año siguiente, las nocturnidades literarias y los vasos de whisky se multiplicaron, de modo que aquellos textos fueron tomando “forma” de libro; y así el libro en cuestión (Cer dos) fue publicado finalmente en julio de 2006 inaugurando nuestro catálogo.

Ariel Sebastián Díaz en la presentación de Cer dos (julio de 2006).

— ¿Ya tenías una experiencia de trabajo en el medio editorial? ¿Cuál fue tu formación?

Soy graduado de la carrera de Edición de la Universidad de Buenos Aires. Como muchos estudiantes de dicha carrera, la primera aproximación al mundo del libro llegó trabajando, a comienzos del año 2000, como personal temporario de la Fundación El Libro. Luego, en enero de 2003, me incorporé al Grupo Editorial Norma, donde realicé diversas tareas: trade marketing, promoción y comercialización, organización de ferias y presentaciones, encuentros entre escritores y libreros… Trabajaba dentro de una multinacional que no le brindaba a su gente la oportunidad de explorar y participar de sus áreas de interés. En este tipo de empresas, donde la gente de ventas gana más que los editores, rige el prejuicio de lo económico. En parte por ese ninguneo es que quise editar por fuera, en un proyecto propio y sin condicionamientos editoriales. Y lo que hicimos con el primer libro fue romper con todos los paradigmas que nos molestaban: el autor como marca, el buen gusto, los criterios estéticos… Y no nos fue nada mal, hicimos un libro con dos prólogos (uno de Carlos Gamerro) y la contratapa de Fogwill, que supo ser un amigo de la casa.

 

— A la hora de presentarse (en clase, por ejemplo) muchos estudiantes de la carrera de Edición coinciden: llegan a la edición como reacción al hecho de que tienen o han tenido una experiencia placentera, interesante o positiva con la lectura. ¿Cómo fue tu primera relación con los libros?

Cuando era apenas un niño leía todo lo que llegaba a mis manos, desde la revista El Gráfico hasta los libros del boom latinoamericano. De todos modos, confieso que mi casa no era la Biblioteca Luis Ángel Arango de Bogotá, había que leer lo que estaba disponible, que no era demasiado.

Editar es, en primer lugar, leer. Leer primero. Leer antes que el público. Leer imaginando ese público, y si no existe, pensar cómo crearlo, porque cuando a un editor se le mete en la cabeza que un texto es valioso y ese meterse en la cabeza es un movimiento apasionado, es intelectual y tiene que ver con los gustos, pero la principal motivación es visceral— ahí es cuando editar cobra sentido. En definitiva, la tarea del editor es crear en el lector una necesidad que no sabía que tenía. De alguna manera, el editor ayuda al lector a desear.

— El proyecto surgió desde el comienzo como editorial y librería. Y eligieron el mismo nombre.

El germen del proyecto se originó por el libro Cer dos; el entonces protolibro devino en editorial-librería-bar-disquería inaugurada en el barrio de Palermo en marzo de 2006. La experiencia de la librería ha sido fabulosa: el trato personalizado con los lectores, las tertulias infinitas, las comidas regadas de buen vino, los talleres de escritura, los conciertos de música en vivo, las presentaciones de libros y las exposiciones de artes plásticas dieron cuenta de un estilo muy particular que aportó diversidad al circuito de librerías.

Tapa de Cer dos.

La elección del nombre fue un homenaje a Francis Scott Fitzgerald, y a su relato autoconfesional publicado en 1936. En mi opinión, se trata del mejor escritor estadounidense de la Generación Perdida.

— Cer-dos (el primer título que publicaron) parece un experimento y al mismo tiempo una intervención. ¿Implicó pensar el catálogo proyecto por proyecto, y luego fue apareciendo la organización en colecciones, o pensaron un conjunto?

Comenzamos con un título donde no hay autor o, en todo caso, existe uno colectivo. Así lo describe Carlos Gamerro en su prólogo: “No es bueno que el cerdo esté solo. Cerdos es ser dos, y ser dos es ser muchos; lo propio del cerdo es andar en manada. O para ser más precisos, en piara. El cerdo no es individualizable. Nadie se pregunta, cuando los cerdos atacan, si el mordisco en la nariz me lo pegó ese rosadito con manchas negras, si el que me pisoteó era el Berkshire o el Poland China. Por eso éste no es un libro de autores. Todos los poemas son iguales, y ningunos son más iguales que otros. El libro como chiquero, el poemario como piara”. Quizás, con esta aventura, hayamos impulsado un gesto de vanguardia o nada más que un simple error de imprenta. Al margen de la mitología adjudicada a este libro, la experiencia de Cer dos nos permitió constituirnos como sello editorial y apuntar a un plan editorial sostenido en la idea pivot de concretar proyecto por proyecto.

Al avanzar en una lógica basada en el “proyecto por proyecto”, la creación de colecciones no es tan importante. Desde luego que sirve para ordenar, pero hay que ser lo suficientemente flexible para incorporar proyectos que, a priori, no estarían contemplados en un formato determinado de colección. Por supuesto que contamos con libros dentro de una colección, como Serie Vento, que reúne los títulos de Pablo Judkovski; y otros que no responden a ninguna colección pero se defienden bien desde una estética muy propia y una línea editorial general.

Lentas, intimidadas y torpes, de Pablo Judkovski.

— ¿Cómo seleccionan los libros a publicar? ¿Piensan en función de un lector situado, por ejemplo, para lectores porteños/argentinos?

Procuramos seleccionar obras de autores de vasta trayectoria, publicar primeros libros de autores noveles y reeditar textos injustamente fuera de circulación en los últimos años. Esta búsqueda representa una parte importante de la apuesta, así como la publicación de traducciones cuidadas que hagan honor a la tradición que en otros tiempos forjó la Argentina.

No necesariamente los libros fueron siempre pensados para lectores porteños/argentinos. Tampoco hacemos ningún esfuerzo para que nuestros libros tengan un contenido accesible a lo que se llama mercado hispanoparlante. Nos preocupamos por la calidad y autenticidad, sobre todo en la narrativa de autores contemporáneos, pero estamos convencidos de que igual despertamos el interés de lectores extranjeros. Por ejemplo, el libro Cer dos ha sido adoptado en una cátedra de Literatura Latinoamericana de la Universidad Autónoma de Colombia.

— Una zona importante del catálogo de Crack Up es la poesía.

La poesía como última trinchera: Cer dos, Mariel Manrique y Vicente Luy están íntimamente ligados y conservan el mismo “espíritu crack-up”. A propósito, en la última conversación que mantuve con Vicente en diciembre de 2010, él me sugirió titular su libro doble (que finalmente se publicaría póstumamente como Plan de operaciones y La única manera de vivir a gusto es estando poseído) “Crack-Up”, pues era explícito que Vicente en ese momento estaba atravesando su propio resquebrajamiento interno.

La constelación de Andrómeda, de Mariel Manrique.

— El Crack Up es otro gran proyecto. ¿Cómo abordaron el desafío de la traducción?

La admiración incondicional profesada por dicho texto y la figura de su autor no solo nos inspiraron a la hora de bautizar el emprendimiento editorial, sino que decidimos publicarlo desde el Río de la Plata al cumplirse el 70º aniversario del fallecimiento de Fitzgerald, con la traducción de Marcelo Cohen, Matías Serra Bradford y Martín Schifino, el prólogo de Alan Pauls y la tapa de Rep. Después de intentar en vano conseguir financiamiento en la Oficina de Cultura de la Embajada de Estados Unidos, recurrimos a un préstamo del Fondo Nacional de las Artes.

Para las pequeñas editoriales independientes traducir es un gran desafío tanto cultural como económico, dada la dificultad para obtener y pagar derechos de traducción de obras extranjeras. En consecuencia, el lector argentino, en ese campo, queda sometido a la decisión y los gustos predominantes de las editoriales españolas.

 

Las pequeñas editoriales solemos trabajar con menos urgencias que las grandes, algo que se refleja en la política de autor. El objetivo con los autores es establecer un vínculo personal y acompañarlos de cerca en todo el proceso editorial.

— ¿Cómo resolvés el tema del tiempo y las tareas? Desde leer manuscritos a promocionar un libro, ¿cómo organizás tu tiempo?

Lo que puedo mencionar con respecto al tiempo es que cada proyecto tiene sus propios requerimientos y que uno de los enormes placeres que tenemos en Editorial Crack-Up es no correr. El tiempo conversando con un autor, el tiempo leyendo manuscritos, el tiempo que uno pasa en un programa de radio hablando de literatura, el tiempo respondiendo esta entrevista, hasta las ideas que no llegaron a materializarse, es todo tiempo ganado que fortalece el proyecto editorial. Siempre.

— En pequeños emprendimientos, el tema de la financiación y obtener recursos limita la tarea editorial, ¿qué te parece la búsqueda de alternativas de financiación como preventas, crowdfunding, etcétera?

Las grandes editoriales (y algunas pequeñas, con mucha visión al respecto) tienen gente en “Relaciones Institucionales” dedicada todo el día a conseguir subsidios en organismos públicos, en embajadas extranjeras, a aplicar para la CONABIP, etcétera. Nosotros lo hacemos, a pulmón, sin un aparato y sin la sistematización que tienen otras editoriales y empresas. Hemos conseguido financiación en dos oportunidades, pero no subsidios.

En cuanto a la preventa, es algo que vamos a explorar con un próximo lanzamiento, que es de una escritora y periodista joven (Celina Abud), muy moderna, a quien las nuevas tecnologías, redes sociales y estas nuevas prácticas le sientan muy bien, digamos.

— ¿Cómo te llevás con los aspectos “materiales” de la tarea editorial (producción, diseño)?

A la hora de buscar colaboradores en diseño y diagramación es fundamental hablar el mismo idioma. Para eso, contamos con colegas de la carrera como Griselda Marrapodi, Gustavo Novas y Gabriela Ognio. Dada la intensa actividad que requiere llevar adelante un sello editorial, es necesario conformar un staff editorial más o menos estable. No puedo dejar de nombrar a Paola Adler, como correctora y editora polifuncional. De esta forma, uno puede dedicarse plenamente a la planificación y coordinación de tareas.

— Generalmente se considera que la distribución es uno de los problemas más complejos para una editorial pequeña. También el tema de la prensa, la promoción de los nuevos títulos. Ustedes comercializan e-books, también.

Lamentablemente, no hay en el mercado editorial una distribuidora prolija, confiable, que pague bien y que proponga una distribución de la ganancia justa. Fantaseo con una distribución única y centralizada, sistematizada y autogestionada para todos los sellos por igual y al que puedan acceder todas las librerías del país. Como no existe, tratamos de distribuir nosotros la mayor cantidad de ejemplares posibles dentro del país. En cambio, para llegar al exterior es insoslayable el rol de las distribuidoras.

Sobre el tema prensa, cada libro cuenta con su propio plan de prensa y difusión que es llevado a cabo por nosotros mismos. Por consiguiente, nunca nos hizo falta contratar a un agente de prensa o community manager para realizar esta tarea. Afortunadamente nuestros libros son bien recibidos por la crítica cultural.

Asistimos a un crecimiento exponencial de la circulación de materiales digitales, a nuevas formas de lectura, a una saturación de la oferta, a un mayor nivel de caos en lo relacionado a la comercialización de derechos de autor, a una gran concentración del mercado editorial por parte de los conglomerados transnacionales. Sin embargo, considero que la buena literatura (o el arte literario) se seguirá desarrollando de la mano de los pequeños editores (con sus políticas personalizadas hacia los autores), y no de las grandes corporaciones. Ojalá no sea solo una expresión de deseo.

Si algo se vende es por la difusión de los editores y autores en redes sociales y por el inoxidable de boca en boca. Si bien el e-book está bastante lejos de erigirse como un boom comercial, representa uno de los formatos digitales disponibles que brinda una proyección y promoción universales. Desde luego, se debe competir con precios realmente bajos.

— ¿Qué pensás del asociacionismo editorial, reunirse en función de determinados objetivos como llegar a ferias organizando colectivos de editoriales, etcétera?

Son estrategias e iniciativas comerciales muy válidas de visibilidad y supervivencia. Suelen rendir frutos en relación a la distribución, prensa, difusión y ventas en ferias de editores independientes. En el año 2007 participamos, junto a otros sellos editoriales de la carrera, del colectivo El Cruce. Diseñamos un catálogo y participamos en la Feria Internacional del Libro de ese mismo año. Considero que se trató de una experiencia enriquecedora pero que no tuvo continuidad.

Tapa de El Crack-Up (2016).

— Hablemos de la editorial como proyecto cultural: ¿Hubo un propósito para comenzar un proyecto editorial? ¿Un modelo inspirador, una tradición editorial en la cual te reconozcas?

No existe la editorial ideal. Trabajé ocho años en un grupo editorial multinacional y te puedo asegurar que no es ninguna panacea. Si bien una estructura editorial multinacional posee una capacidad de inversión, distribución y llegada en simultáneo a diferentes países, percibo como contrapartida que los grandes grupos editoriales se ven obligados a producir, sistemáticamente, una mayor cantidad de novedades para mantener su propia estructura interna. Por el contrario, una pequeña o mediana editorial puede tener mayor velocidad de reacción ante los cambios del mercado y cubrir un variado espectro de autores y temáticas escasamente abordadas por los grandes grupos editoriales. Sin embargo, los esfuerzos para el pequeño o mediano editor son inmensos y la recuperación de la inversión, realmente muy lenta. Por ende, se hace muy difícil financiar nuevas ediciones, sobre todo aquellas que exigen un trabajo de traducción. Creo que hablar de “independencia” es una fantasía, pues siempre se depende en mayor o menor medida del factor económico.

El propósito que debe perseguir un pequeño editor es asumirse como actor cultural y social relevante que sostiene un pacto de lectura implícito con el lector, que ningún editor comprometido con su actividad debería traicionar: el ofrecimiento de un catálogo coherente y de calidad.

— Finalmente, ¿qué te ha sorprendido o te sigue sorprendiendo del oficio de editar, y de la edición como carrera?

En Puán cada carrera es una forma de ver el mundo. La Filosofía es una forma de ver el mundo, la Antropología es otra forma de ver el mundo. En Letras también se ofrecen las herramientas para ver un mundo en particular: el de los textos. En eso, la Carrera de Edición es superadora: brinda las herramientas no solo para ver, sino para dar cuenta del mundo, y cada uno de esos mundos de las ciencias con cada uno de sus lenguajes, y operar en ellos para producir arte, conocimiento e ideas.

 

ALEJANDRO SCHMIED

Estudiante avanzado de la carrera de Edición de la Facultad de Filosofía y Letras (UBA). Fundador de la editorial Tren en movimiento, sello que publica ensayos relacionados con el medio editorial (colección Sentidos del libro), literatura (sello Acuático) y libros de ilustración y prácticas culturales alternativas. Fundador de Tricao, laboratorio editorial, emprendimiento cooperativo especializado en servicios editoriales. Ha sido coordinador del área de comunicación y edición de publicaciones del Programa de Extensión en Cárceles, y docente tallerista en el Taller Colectivo de Edición, en el marco del Programa UBA XXII (Centro Universitario Devoto y Centro Universitario Ezeiza). Ha presentado trabajos de investigación en eventos académicos orientados al campo editorial.


 

 

ARIEL SEBASTIÁN DÍAZ
Director editorial

editorialcrackup@gmail.com
(+54) 9 11 5702 9487


MARYOALY TORO
Directora comercial

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