20 JUN 2012 PABLO JUDKOVSKI ENTREVISTADO POR MÁXIMO SOTO PARA ÁMBITO FINANCIERO

 Original: por Máximo Soto

En la última década en la Argentina ha surgido una legión de nuevos escritores que se destacan por algún rasgo distintivo de su narrativa. Pablo Judkovski es uno de los menos promocionados de ese grupo, tal vez porque su búsqueda pasa más por el estilo de la escritura de sus textos que por las tramas de su ficciones, que no están ausentes y son siempre atractivas. Judkovski es abogado y ha dictado cursos en la Universidad de Buenos Aires. Lleva publicadas las novelas «Mar para Bastián»«Hiemal» y «Passa» en la editorial Crack-up, y está por aparecer «Enero en Bernabé». Dialogamos con él.

Periodista: ¿El deseo de narrar historias le aparece como un impulso, una vocación o por un aprendizaje, una formación?

Pablo Judkovski: Mi primer libro, «Mar para Bastián» me anduvo dando vueltas en la cabeza por lo menos durante una década. Lo escribí finalmente a los 34 años. Como suele ocurrir muchas veces, fue algo que fue fluyendo marginalmente a medida que había iniciado un proceso de búsqueda, con ensayo y error, con intentos y fracasos. Los primeros borradores no están en el camino de lo que se quiere alcanzar: encontrar un tono propio, un registro personal; hasta que un día esas exploraciones se convirtieron en impulso, en conciencia clara de lo que quería contar, y no paré de escribir. Ahí se cosieron los retazos de imágenes y los textos previos. Sabía que el personaje se llamaba Bastián, porque era un nombre por la mitad, un nombre a medias. Luego me enteré de que ese nombre existe.

P.: Es un hombre al que parece que le falta algo, y que usted coloca en un escenario ajeno, en Brasil y en el mundo del surf.

P.J.: Si bien no tengo ninguna vinculación con «la tabla de correr», partí de una persona real, alguien que conocí en Brasil que se dedica al surf. El surf para quien lo practica más que un deporte es un modo de vida. Provoca un vínculo muy particular con el mar. Tiene códigos muy especiales porque entraña un desafío permanente. La ola puede matar a quien intenta montarse en ella, deslizarse, acompañarlo. Pero más que la excitación que provoca o los peligros a los que se someten los surfistas, lo que me interesó fue el personaje que conocí. Un tipo que vive de absolutos, el surf es uno de ellos. Dejó Porto Alegre donde vivía y se radicó en un balneario perdido de la costa. Supe de la hija que crió sin la madre, una mujer de la que no hablaba y que un día me enteré que era prostituta. Y de esas charlas surgió mi historia.

P.: Una novela donde el surf es apenas una excusa.

P.J.: Para mí las tramas son una excusa. La escritura está por encima de la trama, que es un medio que permite a la escritura desplegarse. A veces considero que la trama es una debilidad del escritor. Onetti sostiene que su novela «El astillero» es «la historia de un alma sin los sucesos». Y es eso, el alma de Junta Larsen, su protagonista, anda por ese astillero derruido, esa es la música de la escritura. No creo que se pueda llegar a la ausencia absoluta de sucesos, a la escritura pura como en un cuadro abstracto, en cierta música y en cierta poesía.

P.: ¿Tiene que ver con eso que se le ocurrió llamar a su segunda novela «Hiemal»?

P.J.: Ese nombre, como me sucede con los personajes y los libros, me cayó por azar. Venía escribiendo una historia que ocurre en invierno, y me puse a buscar características del sustantivo «hiel», «amargura, desabrimiento», y dos palabras más abajo aparece «hiemal», «relativo al invierno». Eso tiene que ver con el día más corto del año, que da paso a los días más largos. En culturas precolombinas se celebraba el solsticio hiemal porque da inicio de un renacimiento de la naturaleza. Si «Mar para Bastián» tiene escenario de mar, el de «Hiemal» es de campo, de tierra. Todo comenzó cuando leí la crónica de un ciclista rural, un muchacho que iba por un sendero de campo y una camioneta lo atropella. Cuando el conductor de la camioneta lo va a socorrer, ve que está agonizando, y en vez de llevarlo a un hospital lo quema vivo. Narrativamente, más que el hecho, me importó que el cronista cerraba la historia del muerto con la frase «Nelson, su hermano gemelo, no puede hablar». Yo tengo un hermano gemelo, y me pregunté qué pasaba con el gemelo que sobrevive al que fue asesinado. En «Hiemal» el que sobrevive no puede hablar ni comer, elige dejarse morir. Mis vivencias de Chillar, el pueblo de la provincia de Buenos Aires escenario de mi novela, tienen que ver con una relación sentimental que tuve hace años en ese lugar.

P.:¿El Chillar de su novela cree que tiene algo del Villegas de Manuel Puig?

P.J.: Yo no soy de Chillar, como Puig era de Villegas. Soy un porteño que se crió entre cuatro paredes. En mi novela no hablo mal de los chillarenses, todo lo contrario. En cambio, creo que luego de sus novelas, Puig no pudo entrar más en Villegas.

P.: «Hiemal» remite, por momentos, a la novela policial.

P.J.: Hay un abogado al que mandan a investigar lo ocurrido. Hay un asesinato, hay investigación, hay abogados que coimean a jueces. Pero el desafío fue que la trama diera sustento a mi escritura.

P.: Pero la trama se le impone subterráneamente, lo estimula a contar. Su tercera novela, «Passa», cuenta de alguien que ha estado marginalmente en sus libros anteriores.

P.J.: En mis tres libros son recurrentes los escenarios y los personajes. Passa es la abreviatura del alias «Passarinho»«pajarito» en portugués, es un hombre solitario, de edad avanzada, con mucho resentimiento porque no aprendió a amar ni supo ser amado. A partir de su resentimiento es como se coloca en el mundo. En realidad es un inocente. En «Passa» hay tres relatos distintos, tres escenarios distintos, tres personajes distintos. Uno es seguridad en un supermercado chino en la ciudad de Buenos Aires. Otro es un empleado de un tipo que coimea para ganar favores y pone a Passa como testaferro de sociedades de exportación. El tercero es un hombre que va a buscar en Villa Gesell al amor de su vida, que conoció de adolescente. La relación dura muy pocos meses, y Passa se queda como intruso en la casa de ella, no se quiere ir. En Buenos Aires no tenía donde caerse muerto. Es la desesperación en eso que todos buscamos: cómo quedo bien parado en el universo amoroso. Esa búsqueda, en su fracaso, genera a veces mucho daño. Esos tres Passa no se cruzan, comparten la desdicha, el rencor, el espíritu de revancha.

P.: ¿Cómo surgen sus temas?

P.J.: Cuando no tengo un relato comienzo a escribir poemas, a hacer anotaciones. Así asoma un tema, una trama. Pero no es que ahí inicio la exploración de una trama, dejo que eso ocurra en la novela, que ella salga en busca de los acontecimientos, como lo hará el lector. No es que me proponga una dificultad como efecto para los otros, es un desafío personal en un modo de la literatura. Esto no significa que escriba sólo para mí, escribo del mismo modo como quien pinta y al hacerlo tiene en su mente a sus referentes, a sus seres queridos.

P.: ¿Qué otras influencias, además de Juan Carlos Onetti, considera que tiene su obra?

P.J.: Suelo citar en mis libros a poetas. Borges, Pessoa, Juarroz, el César Vallejo de «Los heraldos negros»Fabián Casas, entre otros. La escritura en prosa tiene como impulso inicial la poesía. La línea de un verso puede ser un potente disparador de escritura. El comienzo del poema «Tabaquería» de Fernando Pessoa, con su comienzo «No soy nada. Nunca seré nada. No puedo querer ser nada. Aparte de esto, tengo en mí todos los sueños del mundo», puede impulsar la escritura de quien leyó ese texto, y en el caso de Antonio Tabucchi hasta adoptar la ciudadanía portuguesa. Cada uno de mis libros tiene la influencia del poeta o narrador que me impregna. Mientras escribía «Passa» leí algunas obras de Néstor Sánchez, un escritor argentino olvidado que fue recuperado en los últimos años, y que gracias a eso pude conocer. Y ahora no sé qué puede pasar porque vengo leyendo sistemáticamente a Marcel Proust.

P.: ¿Qué está escribiendo ahora?

P.J.: Terminé de corregir una novela corta que se llama «Enero en Bernabé». Bernabé es un personaje que también me acompaña desde mi primera novela. Esa novela puede que tenga algún influjo proustiano, por lo que produjo en mí la lectura de sus obras en los últimos tiempos.


 

 

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